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CAPÍTULO 1
SOBRE EL PAPEL
CAPÍTULO 1
SOBRE EL PAPEL
Os voy a contar un secreto, me gusta escribir sobre papel que no sirve, ese que se va a tirar a la papelera escrito con algo que ahora no vale, de alguna forma ya obsoleto. Sí, aprovecho el reverso de esos diseños que hice tiempo atrás, de colecciones pasadas, o de esos estudios previos; los cojo, hago un bloque, le doy la vuelta, y de nuevo a funcionar.
Mi esposa me lo trae de la oficina, mis hijos sueltan sobre mi mesa los viejos apuntes de cursos pasados, esos que en otras casas van a la papelera. Yo le hago a esas hojas el penúltimo reciclaje.
Así que ya sabéis, en casa me lo dan a mí. Nunca lo pedí, pero ellos que ven y observan como aprovecho las cartas que nos llegan, esas que no sirven para nada desde el principio... Pues eso, sacan sus conclusiones y ya lo han convertido en una costumbre. Ahí está la base de estos relatos breves que finalmente han ido apareciendo en la web; este tío los utilizó en su día escribiendo recuerdos de la Uni.
Os diré que entre los remitentes tengo mis preferencias. El que más me gusta es el de las cartas de los bancos, con el nuevo producto, el libretón, la cuenta elefante… Cuando se puso de moda lo de las vajillas… el papel era de una calidad superior… y llegaban de todos las entidades por todos conocidas y cajas de ahorros de nuevo cuño que han proliferado como setas –oiga, las cajas de ahorro son distintas, no tienen fin lucrativo, todo lo que ganan se lo dan a las Hermanitas de la Caridad, como todo el mundo sabe, y es que lo tienen por escrito en sus estatutos-, pero yo, como soy un inculto, para mí son igualitas que los bancos y me producen las misma satisfacción, ya que creo a pies juntillas que la otra cara en blanco de esa carta que en grandes caracteres me dice que me van a dar el 3% TAE a tres meses si voy corriendo antes del 31 de Mayo -ojo, por ser yo-, es lo único que le voy a poder sacar a los Banqueros y a los Cajeros.
Y ya puesto a ser sincero, os diré que hay otro papel en desuso que me encanta. Su categoría está por encima del papel usado y aún aprovechable…, es el de las agendas antiguas, esas que te regalan los proveedores, amigos, y que no las uso porque yo estructuro mi trabajo con un tipo de agenda muy determinado, sin la forma clásica. Esas agendas las voy apilando, y por ellas, a lo largo de los años, he ido viendo cómo esta empresa ha absorbido a aquella, se han ido haciendo más grandes, más fuertes, principio de multinacionales; me parece bien, pero aquí también tengo mis preferencias…, y es a la inversa. Prefiero la del valiente autónomo español con el nombre impreso en la portada, que aparece ya con caracteres importantes. Veo las caras de esos hombres que me regalan una de esas agendas, orgullosos, y apenas hace nada que los conozco. A pesar de ello me regalan una, y un poquito de esa ilusión con la que ha creado su negocio y que a veces yo interpreto como si también fuera un trocito de su alma. Esas agendas yo las recibo con satisfacción.
Me encanta escribir en agenda vieja –siempre espero a que finalice el año para escribir sobre ellas-, y cuando la tomo pasado al menos ese periodo de tiempo, la hojeo, recuerdo a aquel hombre, muchas veces no lo he vuelto a ver, «¿qué habrá sido de él?».
Después veo la calidad del papel, cada año más débil por lo general. En estos casos comienzo a escribir con bolígrafo azul, de los que me traigo cuando voy de viaje, los que te ponen en las habitaciones de los hoteles. Generalmente vuelvo a casa con dos unidades por hotel. Tengo gran cantidad de ellos por gastar, aunque yo lo veo de otra manera… me queda mucho por escribir aún. Si no, ¿para qué vuelvo a casa con los bolígrafos? Y me gusta echarlos a pintar rápido.
«Sí, éste está a la altura, éste no. Éste es bastante mejor que el hotel, los tíos saben de los fallos que tienen y van a mejorar».
Ya veis, estoy quedando como un rácano –en contraposición diré que mi esposa dice de mí que soy generoso, lo expreso porque ella, que es mi correctora, insiste-, pero la razón verdadera es que yo con este tipo de tonterías me lo paso bien conmigo mismo, alimento una afición que me hace pasármelo bien y además me sale gratis, todo un gozo; y es que unas cosas me llevan a otras, se entrelaza mi espíritu empresarial con las sensaciones que me trasmite cualquier cuestión, un lio, pero no os preocupéis, yo me entiendo.
«Ya está papá pensando en sus cosas».
Bueno, os decía que comenzaba con uno de tinta azul…
«Si, está bien el boli, pues cuando lo termine disfrutaré del otro».
« Este bolígrafo es una porquería, cuando lo termine daré cuenta del otro rápido y finito».
Abro la agenda y escribo sólo en la página de la derecha. Cuando las he escrito todas, incluso pasado el 31 de Diciembre -las hojas de notas finales también caen-, ¿sabéis lo que hago?, le doy la vuelta a la agenda y comienzo a escribir de nuevo en la página de la derecha, o lo que es lo mismo, de atrás hacia delante… y cuando termino esta vuelta inicio otra pero por la página izquierda y esta vez con el boli de color negro, así el azul que se haya trasparentado no molestará ni me distraerá de las ideas escritas cuando leo pasándolo ya al ordenador.
Este año 2009 tengo una que me regalaron y que me ha encantado, estoy esperando a que termine el año para meterle mano. La calidad está por encima de la media, aunque estemos en crisis, pero igual lo que ha hecho para abaratar el coste este sufrido autónomo andaluz de España es que en la portada, además de su negocio, también aparece la empresa de publicidad a la que le ha hecho el encargo de las agendas. Vamos, que la tipografía de este último es incluso mayor a la del anunciante principal, eso sí, le ha dejado el protagonismo del centro. Y ahí la tengo, levanto la mirada y veo sus pastas acolchadas en un elegante marrón, como el 2009 que está arriba a la derecha, y en medio él, RATONIL, y su teléfono: 607780011. Junto a los datos, el objeto del negocio, la figura en contraste de la cara de la rata, tomada desde abajo -se le ven hasta los bigotes al bicho-; y ya, abajo… a la derecha… PUBLICMAR, S.L. Publicidad en general ' 952363461.
Sí señor, sois unos monstruos, los dos, ¡viva la madre que os parió! Y el del Ratonil tiene un par, señores. Ya me gustaría sacarle una agenda de éstas a un banco –o caja-. Si lo consigo alguna vez recortaré el perfil de la rata y se la colocaré junto al nombre, me da igual Santander que Bilbao, Madrid que Castilla la Mancha, o cualquier otro aunque sea Popular. Las cosas en su sitio, porque si el señor del Ratonil hubiera sido el dueño del banco más importante del mundo, del Wall Street, o Presidente del país más poderoso de la tierra, la mierda que ha pasado no le llegaría a los pobres que nada han hecho para que este follón en el que ahora estamos metidos suceda. Lo voy a repetir más claro para que no quede duda: que sí, que la mierda de los ricos se la tienen que comer los pobres.
¿Qué quienes son los ricos? ¡Yo que sé! Unos cuantos, mil, dos mil, diez mil, cosa así. ¿Qué quienes son los pobres? Pues una vez apartados los políticos, todos los demás…, seis mil quinientos millones de seres humanos, el resto de los que vivimos en el planeta Tierra.
― Oiga, que yo no soy como esa pobre gente de África o Asia.
Pues bueno, esa suerte tienes de haber nacido aquí en vez de allá, pero ándate con ojo, lo que tengo claro es que no eres uno de esos ricos, aunque tengas dinero y vivas bien. Has tenido suerte, pero sobre todo te lo has trabajado, primero con los estudios, después en el mundanal ruido. Pero no, tu no perteneces a la casta de los ricos de los que yo estoy hablando, en España hay… 30 o 40, no más.
Todo esto viene porque he cogido una agenda antigua para escribir. La calidad del papel es insuperable, aquí no hay problema de dinero y puedo escribir desde el principio en todas las hojas, izquierda y derecha, con tinta y en negro…, no traspasa una mancha lo más mínimo. ¿Qué quién puede?, os lo digo, La Junta de Andasulía, limítrofe en el sur de España por el este con la Comunidad Marciana. No problem, my friend.

Y es que la pasta es gorda, con fotografías por aquí y por allá. Buenos detalles, costosos, lo que haga falta, ya digo, los que en sueños hubiera querido poner el autónomo español, pero a este nivel no llega, no tiene dinero para ello, y aunque lo tenga, el hombre es prudente como creo que lo debe ser el que paga con su dinero, quiero decir con el dinero del contribuyente, con lo que se recauda a través de los impuestos. Pero es que no, hay políticos en España –y parte del extranjero- que piensan que cuando el dinero entra en las arcas del Estado o de la Comunidad Autónoma, esa pasta ya es suya y se lo gastan como
quieren… y siempre quieren lo mejor. Ejemplo sea, y ya que estamos hablando de papel en desuso ¿Vosotros pensáis que cuando cambia de nombre el Ministerio o la Consejería de turno, añadiendo o quitando denominaciones, ellos tienen en cuenta ese detalle como lo tendría cualquier empresa, pensando siempre en los coste que eso conlleva?, para mí que va a ser que no.
En todo esto estoy pensando cuando tengo la agenda antigua de la Junta de Andalucía delante de mí, de todo esto estoy escribiendo sobre ella en estos momentos, tal y como lo leen ustedes. Es lo que me sugiere, lo que me pide el cuerpo, y ahora paro, voy y la hojeo de nuevo, la primera apertura de página que se ha realizado por donde ella ha querido me muestra un mensaje clarividente.
Lo primero que he visto es el nombre de un ciudad, Córdoba; y después un pueblo, Atarfe. Equivocándose mi pensamiento en el recuerdo, ha puesto un nombre en mi mente:
A muchos de los que estudiamos en la Laboral nos ocurre eso, que nada más aparecer el nombre de un pueblo recordamos a los compañeros que tuvimos y que eran de allí. Eso es lo que me acaba de ocurrir a mí, pero es que además, justo arriba, pegado, pone Córdoba, en la línea de todo lo alto: Laboratorios Agroalimentarios y Estaciones Enológicas.
Así que el destino ha querido que tenga una buena agenda para escribir sobre Atarfe- Granada-, o lo que es lo mismo, sobre la única persona que conozco nacido allí: Don Manuel Porcel Lozano, con el que coincidí en la Uni entre los años 1970 y 1975.

Nota del autor: Manuel Porcel no nació en Atarfe sino en Alquife, pero queda relatado tal y como lo escribí y trascurrieron mis pensamientos en ese momento, error incluido.
Mi esposa me lo trae de la oficina, mis hijos sueltan sobre mi mesa los viejos apuntes de cursos pasados, esos que en otras casas van a la papelera. Yo le hago a esas hojas el penúltimo reciclaje.
Así que ya sabéis, en casa me lo dan a mí. Nunca lo pedí, pero ellos que ven y observan como aprovecho las cartas que nos llegan, esas que no sirven para nada desde el principio... Pues eso, sacan sus conclusiones y ya lo han convertido en una costumbre. Ahí está la base de estos relatos breves que finalmente han ido apareciendo en la web; este tío los utilizó en su día escribiendo recuerdos de la Uni.
Os diré que entre los remitentes tengo mis preferencias. El que más me gusta es el de las cartas de los bancos, con el nuevo producto, el libretón, la cuenta elefante… Cuando se puso de moda lo de las vajillas… el papel era de una calidad superior… y llegaban de todos las entidades por todos conocidas y cajas de ahorros de nuevo cuño que han proliferado como setas –oiga, las cajas de ahorro son distintas, no tienen fin lucrativo, todo lo que ganan se lo dan a las Hermanitas de la Caridad, como todo el mundo sabe, y es que lo tienen por escrito en sus estatutos-, pero yo, como soy un inculto, para mí son igualitas que los bancos y me producen las misma satisfacción, ya que creo a pies juntillas que la otra cara en blanco de esa carta que en grandes caracteres me dice que me van a dar el 3% TAE a tres meses si voy corriendo antes del 31 de Mayo -ojo, por ser yo-, es lo único que le voy a poder sacar a los Banqueros y a los Cajeros.
Y ya puesto a ser sincero, os diré que hay otro papel en desuso que me encanta. Su categoría está por encima del papel usado y aún aprovechable…, es el de las agendas antiguas, esas que te regalan los proveedores, amigos, y que no las uso porque yo estructuro mi trabajo con un tipo de agenda muy determinado, sin la forma clásica. Esas agendas las voy apilando, y por ellas, a lo largo de los años, he ido viendo cómo esta empresa ha absorbido a aquella, se han ido haciendo más grandes, más fuertes, principio de multinacionales; me parece bien, pero aquí también tengo mis preferencias…, y es a la inversa. Prefiero la del valiente autónomo español con el nombre impreso en la portada, que aparece ya con caracteres importantes. Veo las caras de esos hombres que me regalan una de esas agendas, orgullosos, y apenas hace nada que los conozco. A pesar de ello me regalan una, y un poquito de esa ilusión con la que ha creado su negocio y que a veces yo interpreto como si también fuera un trocito de su alma. Esas agendas yo las recibo con satisfacción.
Me encanta escribir en agenda vieja –siempre espero a que finalice el año para escribir sobre ellas-, y cuando la tomo pasado al menos ese periodo de tiempo, la hojeo, recuerdo a aquel hombre, muchas veces no lo he vuelto a ver, «¿qué habrá sido de él?».
Después veo la calidad del papel, cada año más débil por lo general. En estos casos comienzo a escribir con bolígrafo azul, de los que me traigo cuando voy de viaje, los que te ponen en las habitaciones de los hoteles. Generalmente vuelvo a casa con dos unidades por hotel. Tengo gran cantidad de ellos por gastar, aunque yo lo veo de otra manera… me queda mucho por escribir aún. Si no, ¿para qué vuelvo a casa con los bolígrafos? Y me gusta echarlos a pintar rápido.
«Sí, éste está a la altura, éste no. Éste es bastante mejor que el hotel, los tíos saben de los fallos que tienen y van a mejorar».
Ya veis, estoy quedando como un rácano –en contraposición diré que mi esposa dice de mí que soy generoso, lo expreso porque ella, que es mi correctora, insiste-, pero la razón verdadera es que yo con este tipo de tonterías me lo paso bien conmigo mismo, alimento una afición que me hace pasármelo bien y además me sale gratis, todo un gozo; y es que unas cosas me llevan a otras, se entrelaza mi espíritu empresarial con las sensaciones que me trasmite cualquier cuestión, un lio, pero no os preocupéis, yo me entiendo.
«Ya está papá pensando en sus cosas».
Bueno, os decía que comenzaba con uno de tinta azul…
«Si, está bien el boli, pues cuando lo termine disfrutaré del otro».
« Este bolígrafo es una porquería, cuando lo termine daré cuenta del otro rápido y finito».
Abro la agenda y escribo sólo en la página de la derecha. Cuando las he escrito todas, incluso pasado el 31 de Diciembre -las hojas de notas finales también caen-, ¿sabéis lo que hago?, le doy la vuelta a la agenda y comienzo a escribir de nuevo en la página de la derecha, o lo que es lo mismo, de atrás hacia delante… y cuando termino esta vuelta inicio otra pero por la página izquierda y esta vez con el boli de color negro, así el azul que se haya trasparentado no molestará ni me distraerá de las ideas escritas cuando leo pasándolo ya al ordenador.
Este año 2009 tengo una que me regalaron y que me ha encantado, estoy esperando a que termine el año para meterle mano. La calidad está por encima de la media, aunque estemos en crisis, pero igual lo que ha hecho para abaratar el coste este sufrido autónomo andaluz de España es que en la portada, además de su negocio, también aparece la empresa de publicidad a la que le ha hecho el encargo de las agendas. Vamos, que la tipografía de este último es incluso mayor a la del anunciante principal, eso sí, le ha dejado el protagonismo del centro. Y ahí la tengo, levanto la mirada y veo sus pastas acolchadas en un elegante marrón, como el 2009 que está arriba a la derecha, y en medio él, RATONIL, y su teléfono: 607780011. Junto a los datos, el objeto del negocio, la figura en contraste de la cara de la rata, tomada desde abajo -se le ven hasta los bigotes al bicho-; y ya, abajo… a la derecha… PUBLICMAR, S.L. Publicidad en general ' 952363461.
Sí señor, sois unos monstruos, los dos, ¡viva la madre que os parió! Y el del Ratonil tiene un par, señores. Ya me gustaría sacarle una agenda de éstas a un banco –o caja-. Si lo consigo alguna vez recortaré el perfil de la rata y se la colocaré junto al nombre, me da igual Santander que Bilbao, Madrid que Castilla la Mancha, o cualquier otro aunque sea Popular. Las cosas en su sitio, porque si el señor del Ratonil hubiera sido el dueño del banco más importante del mundo, del Wall Street, o Presidente del país más poderoso de la tierra, la mierda que ha pasado no le llegaría a los pobres que nada han hecho para que este follón en el que ahora estamos metidos suceda. Lo voy a repetir más claro para que no quede duda: que sí, que la mierda de los ricos se la tienen que comer los pobres.¿Qué quienes son los ricos? ¡Yo que sé! Unos cuantos, mil, dos mil, diez mil, cosa así. ¿Qué quienes son los pobres? Pues una vez apartados los políticos, todos los demás…, seis mil quinientos millones de seres humanos, el resto de los que vivimos en el planeta Tierra.
― Oiga, que yo no soy como esa pobre gente de África o Asia.
Pues bueno, esa suerte tienes de haber nacido aquí en vez de allá, pero ándate con ojo, lo que tengo claro es que no eres uno de esos ricos, aunque tengas dinero y vivas bien. Has tenido suerte, pero sobre todo te lo has trabajado, primero con los estudios, después en el mundanal ruido. Pero no, tu no perteneces a la casta de los ricos de los que yo estoy hablando, en España hay… 30 o 40, no más.
Todo esto viene porque he cogido una agenda antigua para escribir. La calidad del papel es insuperable, aquí no hay problema de dinero y puedo escribir desde el principio en todas las hojas, izquierda y derecha, con tinta y en negro…, no traspasa una mancha lo más mínimo. ¿Qué quién puede?, os lo digo, La Junta de Andasulía, limítrofe en el sur de España por el este con la Comunidad Marciana. No problem, my friend.

Y es que la pasta es gorda, con fotografías por aquí y por allá. Buenos detalles, costosos, lo que haga falta, ya digo, los que en sueños hubiera querido poner el autónomo español, pero a este nivel no llega, no tiene dinero para ello, y aunque lo tenga, el hombre es prudente como creo que lo debe ser el que paga con su dinero, quiero decir con el dinero del contribuyente, con lo que se recauda a través de los impuestos. Pero es que no, hay políticos en España –y parte del extranjero- que piensan que cuando el dinero entra en las arcas del Estado o de la Comunidad Autónoma, esa pasta ya es suya y se lo gastan comoquieren… y siempre quieren lo mejor. Ejemplo sea, y ya que estamos hablando de papel en desuso ¿Vosotros pensáis que cuando cambia de nombre el Ministerio o la Consejería de turno, añadiendo o quitando denominaciones, ellos tienen en cuenta ese detalle como lo tendría cualquier empresa, pensando siempre en los coste que eso conlleva?, para mí que va a ser que no.
En todo esto estoy pensando cuando tengo la agenda antigua de la Junta de Andalucía delante de mí, de todo esto estoy escribiendo sobre ella en estos momentos, tal y como lo leen ustedes. Es lo que me sugiere, lo que me pide el cuerpo, y ahora paro, voy y la hojeo de nuevo, la primera apertura de página que se ha realizado por donde ella ha querido me muestra un mensaje clarividente.
Lo primero que he visto es el nombre de un ciudad, Córdoba; y después un pueblo, Atarfe. Equivocándose mi pensamiento en el recuerdo, ha puesto un nombre en mi mente: «Porcel»
A muchos de los que estudiamos en la Laboral nos ocurre eso, que nada más aparecer el nombre de un pueblo recordamos a los compañeros que tuvimos y que eran de allí. Eso es lo que me acaba de ocurrir a mí, pero es que además, justo arriba, pegado, pone Córdoba, en la línea de todo lo alto: Laboratorios Agroalimentarios y Estaciones Enológicas.
Así que el destino ha querido que tenga una buena agenda para escribir sobre Atarfe- Granada-, o lo que es lo mismo, sobre la única persona que conozco nacido allí: Don Manuel Porcel Lozano, con el que coincidí en la Uni entre los años 1970 y 1975.

Nota del autor: Manuel Porcel no nació en Atarfe sino en Alquife, pero queda relatado tal y como lo escribí y trascurrieron mis pensamientos en ese momento, error incluido.
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