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CAPÍTULO 2
MI AMIGO PORCEL
CAPÍTULO 2
MI AMIGO PORCEL
Mi amigo Porcel no es mi amigo. Nunca coincidí con este compañero de colegio en clase o en una habitación así que mi relación con él fue, por lo general, de vernos andar de aquí para allá.
Ocurre en España, y más cuando nos acercamos hacia el sur, que al que coincidió contigo hace años en el colegio, en un internado, o en la mili… le llamas amigo cuando te lo encuentras pasado el tiempo. Piensas que no lo vas a ver más y ante la sorpresa y la alegría en el cuerpo –sobre todo porque te recuerdas a ti mismo más joven y con aquella batallita que no veas cómo fue, pero que ya no te afecta, no te pillaron en su momento y ya no te acongoja como lo hizo entonces-, lo asciendes rápida y fácilmente, repito, al nivel de amigo.
Yo creo que el concepto que tenemos el uno del otro se basó en la imagen. La suya era risueña, voz grave, y siempre con una iniciativa que hacía que los demás fueran detrás, le siguieran… Era, es, un líder natural. Y la mía era…, es…, la de un poco chulo.
Con frecuencia se me ha atribuido también el calificativo de pijo, creo que por mi forma de vestir, y eso ya ocurría por aquel entonces. Yo me veía normal, eso sí, la poca ropa que me compraban mis padres entonces ya la decidía yo, y parece ser que daba el cante, o que me veían como más fino. También es verdad que no tenía ni un pelo en la barba cuando muchos otros la tenían ya cerrada; y qué decir de mis cejas -envidiadas por mi hermana tres años mayor que yo-, finas y separadas… cuando había compañeros que le empezaba la cornisa en el borde de un ojo y le terminaba una vez cubierto el otro. Recuerdo cuando un día me vi en el espejo algunos diminutos bellos entre ceja y ceja lo contento que me puse, ya se pondrían negros. Sí, porque yo quería ser como mis compañeros; me veía a mi mismo con pensamientos maduros, casi de hombre, pero cuando me miraba en el espejo… lo que veía era una imagen menos ruda, en desacorde con la mayoría.
Pero en ese ir y venir, escuchándonos cuando nos cruzábamos, un día me detuve. Era de noche, principios de Diciembre de 1972, Colegio Gran Capitán, 3º de Oficialía, en el hall, antes de subir ya a las habitaciones, Porcel era el Jefe de Colegio y le estaba diciendo a otros compañeros –no recuerdo sus nombres-.
― ¿Por qué no montamos un belén?
Yo, al escuchar aquello y viendo las fechas que eran, me detuve porque me atrajo la idea…, de entrada os diré que en mi casa jamás se montó un belén de aquellos que tanto me gustaban cuando era niño.
― Es una buena idea, vamos a montarlo ―dije alegre y con ilusión sumándome al grupo.
La iniciativa de Porcel y mi adhesión inmediata hizo que en unos segundos el proyecto se pusiera en marcha.
― ¿Y cómo lo vamos a hacer? ―preguntó uno.
― ¿Y yo que sé?, ya se nos ocurrirá algo ―dijo Porcel.
Lo miré, delgado, bajito, muy moreno con el pelo rizado y la frente despejada, se mostraba seguro. Él podía, ya he dicho que era el Jefe de Colegio, y desde primero de Oficialía sacaba libros de electricidad de la biblioteca porque aquello de los cables que llevaban una energía que no se veía pero que al final encendía luces, a mi amigo, que no es mi amigo, le encantaba. Con frecuencia lo vi subido en una escalera, abriendo cajas en cuanto había fallos de luz o megafonía. Tal fue su afición que pronto comenzaron a llamarlo Tomasín – por Thomas Edison-.
Y claro, esa cuestión estaba muy presente en mí cuando lo miré…, como también estaba un chapón grande, rectangular y muy limpio que llevaba viendo unos días sobre unas de las paredes de los talleres. Estaba allí, echado, como abandonado, así que por su brillo o por lo que fuera, a mí aquel chapón me atraía, y en un flash me vino la idea.
― Es muy fácil, hay un chapón pulido abandonado en talleres, proyectamos sobre el unas luces de colores y delante ponemos las figuras.
La aparición de las luces en la oscuridad total sobre cómo lo íbamos a hacer hizo que Porcel de inmediato aprobara la idea.
Los cuatro trasportábamos al día siguiente el chapón a cuestas. Su gran dimensión hacía que se fuera doblando a cada paso emitiendo sonidos metálicos. Aquella flexibilidad y el hecho de que yo estuviera en Modelos me aportó la siguiente idea.
― Lo vamos a poner haciendo media caña, así cuando las luces se proyecten sobre él se verá con algunos efectos especiales.
― ¡Es verdad! ―dijo Porcel.
― ¿Cómo se va a sostener? ―dijo otro.
― No hay problema, preparo una estructura de madera sobre el que lo montamos para que se mantenga de pie y con esa forma.
Al día siguiente le conté el proyecto al señor Velasco y le pedí permiso.
― ¿Y tienes idea de cómo hacerlo?
― Si.
― Pues tira para adelante, pero date prisa ―yo lo miré a la expectativa, ¿era un reproche?, igual pensaba que me estaba distrayendo de la pieza que tenía que realizar en clase― no se te vaya a pasar la fecha ―remató con una sonrisa socarrona enseñándome los dientes de medio lado mientras tiró de calada del cigarro.
El chapón estaba montado sobre la estructura. Mantenía seguro la verticalidad y la curva prevista. Lo mirábamos los cuatro con los brazos en jarras y la boca abierta en la soledad de la noche, el resto de los compañeros estaban ya en las habitaciones, dormían. A la derecha, de pie, un enorme rollo de papel marrón que después se convertiría en el suelo de Belén; y las figuras, con sus principales protagonistas en grandes dimensiones, a la altura de nuestro escenario. No sé qué Padre las suministró, ese departamento lo llevaba Porcel que había obtenido el permiso del Padre Vílchez para llevar a cabo nuestro proyecto.
― ¿Funcionará? ―le dije a Porcel mientras miraba el artilugio que había fabricado y al que le estaba enganchando cables con bombillas de colores.
― No tengo ni idea, pero pronto lo vamos a saber.
Lo que veían mis ojos era un relio de piezas metálicas grises enganchadas de forma artesanal, pero manteniendo cierta forma armónica, y si estaban puestas así era porque él lo había dispuesto. Por un lado me estaba diciendo que no tenía ni idea y por otro yo observaba que su actitud no iba en consonancia con sus palabras. Sus manos se movían seguras manejando aquello a lo que le empalmaba cables.
― Vamos a ponerlas repartidas, pegadas por la base.
― Si, queda perfecto.
― Pues bueno, allá vamos.
“Clic”.
Se encendieron las luces y se hizo magia, la primera impresión fue bastante mejor de lo que esperábamos, y de pronto…
“Clic”, cambian los colores y las proyecciones.
“Clic, clic, clic”.
― ¡Bien! ―la alegría fue inmensa.
― ¡Ssssss…!, callaros que están durmiendo.
“Clic, clic, clic”.
Allí estábamos, en medio de la noche, alegres y satisfechos, a pesar de la hora y de que al día siguiente nos teníamos que levantar temprano. No nos cansábamos de observar aquel belén bajo nuestro cielo mágico de aurora boreal en movimiento que habíamos conseguimos a base de imaginación e iniciativa.
― Mañana preparo una caja y metemos el mecanismo dentro, lo ocultamos bajo el papel, no vaya a tocar alguien y se le ponga los pelos de punta.
A la mañana siguiente no nos quedamos hasta última hora en la cama, como era lo habitual, a pesar de que habíamos dormido poco. Nuestro proyecto era una realidad. No puedo explicar las sensaciones que sentí cuando vi al resto del colegio observar asombrados y en silencio nuestra obra. Fue una especie de satisfacción plena, similar a la que sentí muchos años después cuando por primera vez se situó un artículo mío en una gran superficie; y yo observaba callado cómo una persona lo miraba, lo tocaba, lo cogía y se lo llevaba… pasando por caja.
Palabras de José Calderón Jerónimo: “La imagen de Antonio era la de un pijo, un chulo y un enterao, pero después… cuando te acercabas a la persona te dabas cuenta de que no era así”.
Notas del autor:
1ª Calderón Jerónimo, gracias.
2ª En el momento que trascurre este relato teníamos 16-18 años, hoy Manuel Porcel tiene una empresa cuya base de negocio es la electricidad; yo soy empresario en el sector textil y he diseñado a lo largo de mi vida miles de prendas.
Manuel Porcel (1970-1975).
ResponderSuprimirGracias Antonio. Gracias por esa capacidad que tienes de retener todos los recuerdos de ese pasado. Recordé la anécdota del belén, pero lo detalles no.
Ahora mismo parece que lo estoy viendo.
Si recordaba el mecanismo eléctrico, que ahora es una chorrada pero que, en aquel tiempo y con mis "grandes conocimientos", era una obra de ingeniería.
Tan solo se trataba de dos intermitencias domésticas de luces de arbol de navidad, que por tener cargas distintas los tiempos de intermitencia eran distintos, por lo que la asincronía de su funcionamiento acompañaban a la imagen de la navidad. Gracias a todos los que conocí.
www.porcelyvergara.com