miércoles 17 de junio de 2009

ENSAYO SOBRE UNA AGENDA ANTIGUA (4)

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CAPÍTULO 4
NOS QUEDA LA PALABRA, Y ALGO MÁS…

Cuando salimos de la Laboral y nos repartimos por la sociedad la incomprensión de muchos de nosotros era total, sobre todo cuando comprobábamos las dosis de egoísmo que existían, incluso en gente joven, de nuestra edad. +

Al poco tiempo estuvimos en una nueva concentración, esta obligatoria, la mili…, y por un relato de mi amigo Porcel, que no es mi amigo, veo que dos amocafres le llaman “rata”, a él. ¡Dios! El mundo al revés.

Extracto aquí parte de su relato para mejor comprensión de lo que escribo:

“Las novatadas que sufríamos eran preferentemente por la noche. Los veteranos aprovechaban de nuestro desconcierto para hacer novatadas humillantes con la complicidad de otros niveles que entendían que era una tradición.

Cosas que vi:

Metían al recluta en un pequeño armario (taquilla) lo encerraban y cada vez que le echaban una moneda por la rendija tenía que cantar, como si fuese una máquina de esas automáticas.

Un recluta encima de una taquilla haciendo de gato, otro agachado delante haciendo de perro. Uno ladraba y el otro maullaba. Con veinte años.


Muchas noches aparecía un alférez y a las tres de la mañana nos levantaba a todos y nos hacía desfilar por el pasillo de las formas más grotescas, no es descriptible. Después descubrí que no era tal alférez, los galones se los regaló uno de complemento que se había licenciado, pero ¿quién iba a suponer que era una suplantación?


Había dos veteranos de Jaén, ambos eran los peluqueros. La habían tomado, entre otros, conmigo. Aparecían a media noche, te levantaban y te pedían que estando firme les “dieras novedades”. Había que contarles cualquier rollo, que ni escuchaban, a veces se iban y se les olvidaba que aún estabas firme y si decidías acostarte parece que te veían: “¿Te hemos mandado descanso?”. Otra vez a empezar.


Una noche sí lloré. Lloré de impotencia, con desgarro, me mantenía firme físicamente, pero moralmente me estaba viniendo abajo. No podía comprender a qué venía todo aquello. Venía de un internado, con sus detallitos, pero esa crueldad no la entendía, y desgraciado al que vieran excesivamente débil porque él iba a ser el objetivo de todas las putadas.

Pronto terminaría todo aquello, al menos para mí. Una noche me tocó “retén”, es como dice la palabra, un retén de una veintena de soldados que deben estar preparados para cualquier evento imprevisto. Te podían llamar en cualquier momento. Eran veinticuatro horas en que debías estar localizable, disponible y armado. A mí, por estar en comunicaciones, mi arma era un subfusil, lo que vulgarmente se llama una metralleta.

Llega la noche. Ante la incertidumbre del régimen militar decido acostarme vestido, incluso con las botas y el subfusil. Hicieron un simulacro a las tres de la mañana, llegué de los primeros porque estaba realmente listo. A las cuatro nos dejar ir a dormir. A las cinco de la madrugada, recién cogidito el sueño aparecen los dos peluqueros: “Rata, firme y danos novedades”.


Soñoliento les miré y me di la vuelta. Le dieron una patada a la cama. Lentamente eché la ropa de la cama hacia atrás. No esperaban que estuviese vestido, que me levantara pausadamente, no esperaban que con el subfusil en la cintura, con el ánimo por los suelos, con el cansancio acumulado, accioné una palanquita pequeña que ellos sabían lo que significaba, y en el silencio de la noche se oyó un metálico cric-crac. Aún en la oscuridad creo que palidecieron, había una bala en la recámara y otras diecinueve en el cargador. “Conmigo la noche ya ha terminado, por hoy y por siempre, jamás os acerquéis a mi cama”.

Aquella noche fue la segunda vez que lloré. Estaba desesperado y aún me quedaba mucha mili por delante.


Han pasado muchos años y siempre tendré la duda: ¿Qué hubiese pasado aquella noche si ellos me llegan a presionar aún más?. Las armas las carga el diablo (y las dispara un ignorante), en un momento de tensión con apretar el dedo….., no quiero ni pensarlo.


A partir de aquella noche no hubo más novatadas para mí.


Yo pensaba, ¿esto es la mili? ¿Un año entero soportando esto? No salía de mi asombro.


Cuando llegaron “nuestros” reclutas, a los que tradicionalmente debíamos de putear, tuve el empeño y el apoyo de unos cuantos más universitarios y no hubo novatadas generalizadas, algún caso aislado, novatadas colaterales. Acordamos demostrar a los siguientes reemplazos que se puede pasar bien con los reclutas, incluso manifestándoles que “la antigüedad es un grado” y que el hecho de aparecer ellos era el mejor síntoma de que nuestra salida se acercaba. Aquél reemplazo nuestro fue el “mas aburrido” en cuanto al trato al recluta”.

Pues Porcel, a ver si te inventas algo para lo que estamos viviendo ahora.

Mientras eso ocurre yo me vuelvo a acordar del Ratonil, del autónomo español que monta un negocio para terminar con las ratas. A ver si se presenta a las elecciones para que le podamos votar, seguro que lo haría mejor que este. Como mínimo cambiaria de plano el sistema educativo para erradicar la plaga de ratas que se han metido en él para medrar y tratar la educación sólo como una forma de crear un tipo de personas que después, cuando sueltan sus votos en las urnas, incrementan sus estadísticas, me refiero a las de ellos. Porque las cuatro chorradas que hacen buscan sólo eso, sumar votos en su casillero. No les interesa a estos políticos de nuestra joven autodenominada democracia que, con apenas 30 años de recorrido, tiene el Presidente de Gobierno que tiene y a un líder de la oposición que en vez de estimularnos, lo que hace es que cambiemos de canal cuando lo vemos por la tele.


Prefiero claramente a un tío que se lo ha currado, que sabe lo que es llegar a final de mes y tiene lo justo para pagar la nómina, a veces no llega para atender los seguros sociales, tiene dos mensualidades de la hipoteca de la nave atrasadas y veinte días después de finalizar el trimestre tiene que ingresar un IVA en las arcas del Estado que aún no ha cobrado…, y a saber si lo cobrará.


Lo tengo claro, en esta democracia donde no hay nadie más demócrata que ellos –dime de lo que presumes…-, donde los ciudadanos vamos a votar unas listas cerradas y no sabemos a favor de quien hacerlo, ¡niño, terminamos votando al que creemos menos malo!, sabiendo que no es lo mismo el voto de un andaluz que el de un vasco o un gallego, donde la división de poderes es inexistente, donde yo tengo que cotizar 35 años para tener una pensión y su Señoría lo tiene que hacer sólo 6 meses; donde el autónomo tiene que trabajar mañana, tarde y noche, y no se le quita de la cabeza su negocio ni de madrugada… mientras que sus Señorías, el 87,15% (305 Diputados sobre 350), tienen otras ocupaciones además de representarnos en el Congreso (sólo 45 declaran que tienen dedicación exclusiva) porque con ese trabajo maldito al que les hemos obligado con nuestros votos no tienen bastante, y ¿cómo se van a poner ellos a discutir leyes que sean más justas para que no se den casos como el de Marta del Castillo?

Ya está bien con 15 años de cárcel para el que haga eso, y porque…, ¡maldita sea! Ya se me ha calentado la punta del bolígrafo. ¿Que por qué?, ¡por todo!, ¡ya está bien!, ¡que nos estáis metiendo la ruina en las casas!, ¡que no os vais a bajar los sueldos!, ¡y qué decir de la dietas que superan los sueldos!, ¡que cuando os haga falta veréis la forma de sacarnos más!, ¡así soy yo también Presidente de Gobierno o Ministro de lo que sea!, ¡listos, que sois unos listos! Y es que no se nos puede olvidar que hay muchos laborales con su pequeño negocio a trancas y barrancas porque estos tíos no arreglan esto, porque dicen que están preocupados y es mentira, ¡no les veis la cara!, y porque un amigo mío, cincuentón, autónomo, casado, hijos de 15, 12 y 4 años, ha perdido su negocio hipotecado y no tiene derecho a nada después de haber currado y pagado impuestos toda su vida. ¿Que cómo va a ser eso?, pues como es. Y repito, para cuatro chorradas y cuatro improvisaciones que al día siguiente tienen que rectificar o matizar porque metieron la pata en la ocurrencia de despiste que siempre tienen a mano, de última hora, esta gente que, demostrado está; no tiene la más mínima vergüenza, que en diez meses te cambian el discurso del pleno empleo por el de ampliar las prestaciones de desempleo porque es que se termina el periodo de cobro y el parado no encuentra un nuevo trabajo; ¡ni lo vas a encontrar, quillo!, ¡que hemos superado los cuatro millones de parados y la cifra sigue subiendo…!

Mirad, estos tíos han encontrado el sistema para usurpar el pequeño poder que tiene el ciudadano sobre ellos, están dispuestos a comprar uno por uno nuestros votos, no seamos tontos que nos pagan con nuestro propio dinero, y ellos nos están saliendo muy caros; sí, ellos y sus seiscientos asesores directos, sus Subsecretarios, sus Directores Generales, del Gobierno Central y de las Autonomías; los secretarios de los unos, los otros y los otros, con sus coches oficiales, chóferes, guarda espaldas y un largo etc… La empresa más importante de este país es el Estado, y no puede estar peor gestionada, ¡señores, nos tenéis que dar un servicio con nuestro dinero y que genere el mínimo de costes!

¿Que no sabéis arreglar que España sea el país de Europa que genera más paro?, pues dimitid.

¿Qué no sabéis mantener en la cárcel a un violador reiterado y tiene que salir a la calle para que se puedan cumplir vuestras leyes después de haber asaltado a 10 nuevas inocentes?, pues dimitid.


Cualquier persona normal puede seguir enumerando infinidad de: ¿Qué no sabéis…?


¿Que qué raro estoy?


― Antonio siempre es políticamente correcto ―he escuchado decir de mí alguna vez, y tal vez tenga razón quien lo dice.


Ahora tengo que pediros disculpas, en mi nombre y en de ellos. Esta página no se debe de usar como lo estamos haciendo, hablo en plural porque somos dos, yo y el bolígrafo. A mi esposa no le ha gustado lo que he escrito sobre el par de bolís que me traigo de los hoteles y han desaparecido todos. Me ha dejado solo los Pilot pasados por caja y en el centro de la mesa…, me ha colocado un precioso Watermann que me regaló ella. Yo lo tenía guardado en el fondo de un cajón –se ve que quiere que lo use-, lo que ella no sabe es que lo tenía allí porque le tengo mucho aprecio, no se vaya a estropear, se le agotó la tinta y nunca me acuerdo de comprar el repuesto. Y lo que mi esposa tampoco sabe es que además de la agenda del Ratonil que la estoy reservando para el año que viene…, también tengo escondidos dos bolígrafos de este héroe andaluz.

Me atraía escribir la agenda del Ratonil con los bolígrafos del Ratonil. Uno escribe
en negro, el otro en azul; y este último, además, se le puede encender una lucecita para escribir incluso en la oscuridad. He cogido esos dos bolis y me he puesto a escribir sobre la agenda de la Junta de Andalucía esta, y la cosa chirría, se iba a formar la pajarraca, normal. ¿Ya comprendéis mejor? Pues claro, esto es un ensayo, mirad el título, el primer capítulo, hablo sobre el papel, tendré que escribir (nunca mejor dicho) sobre los bolígrafos que escriben sobre él.

Estos bolígrafos no son capitalistas ni proletarios, para ellos estas opciones están trasnochadas, con muchos siglos de antigüedad. Se consideran autónomos, por eso escriben lo que quieren, salvo que yo los detenga, que lo hago de vez en cuando. Pero también los tengo que dejar un poco porque están enfadados, mosqueados, me han llegado a decir que a los autónomos se les están calentando los cascos porque han tirado del carro como el que más, hasta recaudando impuestos para las arcas del Estado, y ahora no tienen cobertura de nada. Ellos también tienen familia, también son trabajadores. Llevan muchos años luchando lo indecible por salir adelante, que un año no ha ido bien, segunda hipoteca o ampliación, lo que sea por el negocio…, y ahora resulta que si al Banco le sale mal las cuentas un año, todos, incluido el autónomo, tiene que ayudarlo. Y si al autónomo le salen mal las cuentas, ese Banco al que él mismo ha ayudado a través del Gobierno… ese Banco lo que hace es rematarlo. Que tiene ya tres cuotas impagadas, al juzgado…, y desde ese momento este hombre no duerme, está enfadado y se le nota las 24 horas del día.

Al final quien paga los platos rotos es la familia, esos hijos que donde antes veían amor y esfuerzo… ahora ven como se cae todo a su alrededor. Y esos hijos no van a olvidar mientras vivan como los pusieron de patitas en la puerta de la calle echándolos de su casa, donde siempre habían vivido. Incomprensión, aislamiento, separación, inicios de caminos distintos con un tremendo equipaje de amargura.

Este autónomo no comprende, sus bolígrafos tampoco, por eso expresan aquí esta situación.

¿Qué ha pasado con los beneficios multimillonarios que ha tenido el Banco año tras año, sin fallar ni uno, y desde hace tiempo inmemorial? ¿Dónde están? Que cubran las pérdidas de ahora con los beneficios de entonces. ¿No son ellos los que dicen que hay que guardar para cuando vienen mal dadas? Pues eso, que lo saquen de donde lo tengan. ¿Qué dicen que se lo han gastado todo? Se lo voy a preguntar al bolígrafo que ahora escribe a ver qué dice. Se roza con el papel y miren ustedes lo que pone: NO.


No se lo cree…, y entre nosotros, yo tampoco, seguro que lo tienen a buen recaudo.

Comprendo lo que piensan estos bolígrafos autónomos, que así monta un negocio cualquiera. Que se da bien, todo para mi, que se da mal, que lo paguen los otros. Que quienes son los otros, nosotros, los que alimentamos ese negocio que no puede ser más simple: por nuestro dinero no nos dan nada, más bien te cobran por todo, hasta comisiones de mantenimiento. Si lo dejas a plazo, migajas, sin olvidar las retenciones para el Estado. Ahora vamos a ir a pedirles un préstamo (de entrada rezando porque igual no te lo dan), y comienzan: comisión de estudio, comisión de apertura, gastos de intervención de corredor de comercio, te tienes que hacer un plan de pensiones, «si estoy pidiendo un préstamos porque no tengo dinero, ¿cómo me voy a hacer un plan de pensiones?» ―plan de pensiones o no hay préstamo―. Tú entras por el plan de pensiones y por lo que haga falta, como el pedazo de tipo de interés que te endiñan, aunque a ellos se lo deje el Banco Europeo al 1% a ti te cascan el 8%, y agradecido porque te lo hayan dado, y como te descuides y falles una cuota ni te digo el tipo de interés de demora, te caes con todo el equipo.

Parece que mis bolígrafos autónomos están ya más tranquilos.

― ¡Ratas!


Disculpad, han entendido estas últimas palabras como una provocación y han dado muestras de que aun están aquí, rebelándose. Lógico, después de lo que estamos viendo, pero yo no quiero que hablen así.


― ¡Cobarde!


Tienen libertad para decir de mi lo que quieran, me parece bien, pero jamás los animaré a la rebelión.


― ¡Mariquita!


Las rebeliones son siempre muy localizadas y nunca llegan a buen puerto, además, siempre pagan los más inocentes.


― ¡Imbécil!, ¡pamplina!, ¡majareta!, ¡capullo! ―me están gritando los dos a uno, se ven que están coordinados.


Otra cosa sería si al autónomo español se le hincharan las narices.


― ¡A ver si le echas huevos!


Tú, bolígrafo, sigue gritando que ahora yo voy a hablar bajito: los autónomos españoles son 3.200.000 almas, con nombres y apellidos, y tienen a sus espaldas, además de familia, al 85% de los trabajadores. Como los autónomos le echen huevos, eso no sería una rebelión sino una revolución. Abarcarían, como mínimo, un país entero, y ahí ruedan cabezas, no os quepa la menor duda, y si no que se lo pregunten a María Antonieta.


He dicho.


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