jueves 17 de septiembre de 2009

ENCUENTROS DE ANTIGUOS ALUMNOS (4 de 6)

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CAPÍTULO 4

REPITIENDO SENSACIONES DE 33 AÑOS ATRÁS


En la cola, mientras esperamos para las acreditaciones de este II Encuentro, hablamos, nos identificamos.

─ Sí, de ti me acuerdo.
─ Tú has cambiado poco.

¡Qué va!, todos hemos cambiado un montón.

─ Yo también comencé a dar clase aquí en 1970─ me dice la señora que tengo delante. Lleva la melena al cuello, gafas de pasta y chaqueta roja.

─ ¿Sí, qué daba?

─ Física y Química─ la miro extrañado, la debo de conocer pero no caigo.

─ ¿Cómo se llama?

─ María Jesús Useros.

Intento poner la cara de mi recuerdo sobre la que veo ahora.
─ ¿La srta. Useros?

─ Así es, Curra.

─ ¡Dios! ─ le doy dos besos─ claro que me acuerdo, además me puso un sobresaliente.



Recordamos algunas anécdotas ocurridas en las aulas, me habla de unos gemelos que había en clase y que después de Navidad le llevaron un regalo.
─ Sí, estaban en mi clase, los hermanos Feixas, de Motril, eran como dos gotas de agua y creo recordar que uno se llamaba José Manuel y el otro Manuel José.
─ Sí, algo así.

Veo marchar al Padre Gago, se dirige a la Iglesia. Nosotros continuamos avanzando muy poco a poco para recoger las acreditaciones y el libro “Recuerdos de la Uni”, en una cola llena de alegría.

Cuando entramos en la Iglesia ya ha comenzado la misa. Nos ponemos en un lateral, todo discurre normal. El Padre Pirallo habla de lo que supuso para la Orden Dominica estar al frente de la Universidad Laboral durante aquellos años. Más adelante, los allí presentes rogamos al Señor por lo que cada uno de los oficiantes del acto nos proponen, y el Padre Gago nos sorprende como muchos años atrás. Metiendo fuerza y lo que le queda de voz, nos pide que roguemos al Señor por Diego Zarco González (“lo llevo en mi corazón” me comentará él mismo más tarde) que falleció en la Uni a principio de los 60. Recuerda también al padre y la madre de aquel alumno suyo, mineros ambos. Tenían esperanzas de que su hijo resucitara, porque lo querían, lo amaban, lo necesitaban, al menos la madre podría dejar de trabajar en la mina cuando su hijo se hiciera mayor. Y nosotros manifestamos nuestro ruego con más fuerza, más derechos. Nos ha espabilado, como muchos años atrás.

Una vez terminado el acto de la misa vienen distintas presentaciones.
Francisco Zafra nos habla de sus compañeros de aula, la gran proyección que han tenido en el mundo laboral, y un buen ejemplo es él, que nos habla de ellos mientras sigue creando semilla desde la Universidad Autónoma de Madrid donde es Catedrático de Bioquímica.

Le toca el turno a Iñaki Fernández, importante trabajo el suyo, y no es fácil lo que ha hecho con esa “desestructura” a propósito, cómo ha unido a las distintas generaciones que pasaron por la Laboral y cuando hojeas el libro te detienes en todas y cada una de las páginas aunque no corresponda estrictamente a los años que estuvimos allí, y así es como nos ha entrelazado a unos y otros, ha conseguido que nos sintamos iguales, con el mismo espíritu, cuando hablamos de “Los Antiguos Alumnos de la Universidad Laboral de Córdoba”.

Después de haberse bajado para ver mejor a los intervinientes, ha vuelto a subir al estrado, y ahora el Padre Gago se dirige al atril porque nos va a hablar.
Los aplausos acompañan sus pasos. Estamos todos expectantes. Se para delante del micrófono… y, con un corto movimiento de codos, seco, desplaza un poco hacia atrás la capa negra para que le deje más libres los brazos, también se le ve más el hábito blanco.

─ ¡Para bien de todosss…!!!

Enérgico, casi militar, la ese del final ha sonado larga, hace una leve pausa, todos nos hemos puesto firmes, estamos expectantes.
─ Trabajan y combaten los mejores─ ha bajado un poco el tono.

«Un, dos, tres segundos», y comienza.
─ ¡Compañerosss…!!!! ─de nuevo mete caña.

El Padre Gago juega con los tiempos y las inercias del texto. Ya tiene nuestra atención, ahora rebaja el ritmo, lo mece, lo lleva, avanza por los juegos de palabras, pero ¡ojo!, llenas de mensaje.

Delante hay un grupo de antiguos alumnos, de los de más edad, uno se gira y comenta alegre, lleno de emoción, al que hay al otro lado del pasillo:
─ El Padre Gago en estado puro.
«Le falta el torrente de voz, ya no tiene la gravedad de entonces».


Pero sus gestos, sus movimientos, son los mismos.
El Padre Gago continúa con su poesía, hace giros y guiños juveniles, alegres, “mis tigrines”, que instintivamente nos conectan con el espíritu de aquellos años pasados en la Uni. Pero después va a lo que va, unión, fuerza, espíritu de lucha: “¡Aquí estamos!”, y extiende su brazo al frente.

«¡Dios!».
… Y descarga con un ímpetu increíble…

─ Como hicieron “los mejores”
“combatir y trabajar”
con lo que debemos ser:
Levadura laboral.

Estamos todos entregados, yo particularmente no creía que volvería a repetir aquellas sensaciones que 33 años antes había sentido y, en esos momentos, el Padre Gago, con la gravedad de la voz perdida y sin estar en un recinto pequeño como es un aula… lo ha vuelto a lograr. Los últimos versos los inicia bajando un poco la base para poder subir después. Tiene una técnica al recitar perfecta, yo al menos jamás he escuchado a nadie hacerlo como él, ni que se le aproxime…, y cómo va tirando de nuevo para arriba…

Las estrellas, compañeros,
En el azul, son el pan más
altivo que tenemos.
No nos lo pueden quitar.


Aplaudimos. Aplaudimos con las manos y con el alma, como él ha largado ese último verso: “No nos lo pueden quitar”, que lo ha recitado con la voz, con la mano extendida, con el gesto de su rostro, palabra a palabra: “No nos lo pueden quitar”. ¡Hasta la capa negra ha temblado!

«¿Os habéis enterado?».
«Sí Padre».
«Nidos, nudos, unidos…, u-ni-ver-si-dad, co-mu-ni-dad».
«El pueblo unido puede con todo».
«Y mientras eso llega, allí arriba tenemos las estrellas».
«Bueno Padre, nos pueden meter en un foso oscuro desde donde no las podamos ver».
«Bien, pero cuando consigamos salir estarán ahí, esperándonos».
«¿Y si no salimos?».
«Otros vendrán que lo lograrán, la búsqueda de libertad del hombre nunca terminará»



LEVADURA LABORAL

“Para bien de todos
trabajan y combaten
los mejores”.
(Séneca)


Compañeros:
Las estrellas,
en el azul, son el pan
más altivo que tenemos.
No nos lo pueden quitar.

Lo decíamos antaño,
en nuestra “Universidad”,
y ahora lo estamos viviendo,
en esta corazonada:
“Universidad Central”.
“Universitarizarse”
es la aspiración que va
más alto en el objetivo
de toda Universidad.
Y aquí estamos, compañeros
en impulso de unidad,
convocados por los astros
de la “Uni Laboral”
Astros de trabajo duro,
estrellas de claridad,
nostalgia de días intensos,
con música al despertar…

Las estrellas, compañeros,
En el azul, son el pan más
altivo que tenemos.
No nos lo pueden quitar.

Estrellas nidos, raíces,
ardiendo en el más allá,
donde viven “los mejores”
como en un profundo hogar.
Estrellas nudos…, amores,
que ataron el palpitar
de tu corazón con otro,
para la fecundidad.
Estrellas nodos, polares,
que aseguran la unidad
de los caminos dispersos
de nuestro ser personal.
Estrellas nidos y nudos:
nodos de comunidad
de todos, en pie, y unidos
por una misma amistad.

Las estrellas, compañeros,
En el azul, son el pan más
altivo que tenemos.
No nos lo pueden quitar.

La violencia de la historia
nos ha querido borrar,
amigos y compañeros,
las estrellas entrañables
de nuestra “Uni Laboral”.
Como antaño, “mis tigrines”,
“la formación integral”,
que entonces nos convocaba,
nos tiene hoy que levantar
A más luz, más fuerza y vida,
al más altivo soñar
que, como entonces, nos logre
un futuro de verdad.
Como antaño, compañeros,
os invito a levantar
este pan de España entera
con nuestra rotundidad.
Como hicieron “los mejores”:
“combatir y trabajar”
con lo que debíamos ser:
LEVADURA LABORAL

Las estrellas, compañeros,
En el azul, son el pan más
altivo que tenemos.
No nos lo pueden quitar.


(Frai Santiago Pérez Gago, O.P.)

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