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CAPÍTULO 6
EN EL CINE DE LA UNI NUNCA NOS PUSIERON PAPAYA
CAPÍTULO 6
EN EL CINE DE LA UNI NUNCA NOS PUSIERON PAPAYA
La próxima semana se celebra el III Encuentro de Antiguos Alumnos. Acreditaciones, actos y después almuerzo en esa zona que antes albergaba el cine de la Uni. El hecho de entrar recién cumplidos los catorce años, y que cada uno de los cinco cursos estuviera en un colegio distinto, me sirven de referencia cuando tengo que recordar cómo era, cómo pensaba yo en cada uno de aquellos años, y con frecuencia aparecen comparaciones con la sociedad y los jóvenes actuales. Ejemplo sea:
Transcurre la tarde del viernes 28 de agosto de 2009. He quedado con mi esposa en ir al cine a ver “Mapa de los sonidos de Tokio”; Japón, su capital, me atrae desde hace bastante tiempo, tengo ese viaje pendiente, pero es que además me ha gustado todo lo que he visto hasta ahora de la guionista y directora de la película, Isabel Coixet. Así que doble motivo y, mientras esperamos que llegue un poco la hora, estamos en casa hablando con nuestra hija –veintiún años- de algunas cosas a las que ella le está dando vueltas.
― Bueno, ¿nos vamos? ―digo.
― ¿Dónde vais?
― Al cine.
― Me apunto, dadme diez minutos.
― Entonces vamos a ver otra película.
― ¿Qué película ibais a ver?
― Mapa de los sonidos de Tokio.
― ¿Y por qué dices de ver otra película?
― Venga, que se hace tarde.
Mi hija sale rápida para su habitación y mi esposa aprovecha para decirme que no tenía que haber dicho nada de la película que íbamos a ver, que hubiésemos escogido otra sobre la marcha, y yo le digo que se me ha escapado, que me ha salido instintivamente.
― La película, por lo que he oído, tiene escenas de sexo un poco fuertes y no me apetece verla con ella.
― Si ya sé porqué, pero te tenías que haber callado― me dice mi mujer sonriendo.
― No tiene importancia.
Estamos en la puerta para salir, mi hija llega por el pasillo corriendo, y no se le ha olvidado.
― Pues yo también quiero ver esa película.
― Otro día vas.
― Pero, ¿por qué no quieres que la veamos ahora?
― Pues porque dicen que hay varias escenas de sexo un poco fuertes y no quiero estar contigo al lado mientras están “dale que te pego”.
Y mi hija lo comprende.
Lógico y elemental; ante la cartelera, y a los padres que nos da igual, ella escoge en un segundo la película a ver. La protagonizada por un guaperas, Ashton Kutcher que, además de varias películas de humor en su haber -algunas he visto, me he reído, y el tipo me cae bien-, también tiene un programa en la televisión americana que a los jóvenes de nuestro país le gusta.
El título de la película elegida es “American Playboy”, una comedia apta para mayores de 13 años, importante detalle para que me deje tranquilo lo alerta me había puesto el título. El cine está lleno de jovencitas, y comienza la película conmigo sentado entre mis dos féminas. Como sé que no vais a ir a verla salvo que os ocurra lo mismo que a mí, o sea, que vayáis a verla con vuestra hija y que la dejéis decidir, pues yo os la cuento aquí.
¡Antonio, si no querías tres…, pues toma treinta y tres!
¡Cómo con el paso del tiempo nos vamos quedando atrás! Quiero decir que perdemos la elasticidad de adaptarnos con naturalidad a la… ¿evolución? Siempre ha ocurrido y les pasará en su momento a nuestros jóvenes de ahora que terminarán haciéndose la misma pregunta que yo acabo de formular unas líneas más arriba.
La película comienza con una voz en off diciéndote que cada día en la zona de llegadas del aeropuerto, que está en la planta baja, de la ciudad de Los Ángeles, llegan treinta mil chicos y chicas cargados de ilusión buscando su oportunidad en Hollywood; y todos tienen algo en común, son jóvenes, guapos y todos poseen algo especial, ya sea en su mirada, en su forma de andar, o lo que sea. Mientras, la imagen te muestra al protagonista que posee a raudales todas esas características. Está abandonando una casa de lujo con lo puesto y, claro, con un problema por delante, hay que buscar nuevo alojamiento para esa misma noche y del estilo que a él le gusta, no cualquier cosa.
Por lo que intuyo en su rostro, para el personaje eso debe de estar “chupao” porque no se pone ni mínimamente nervioso. Su sonrisa es permanente, y llega a un “superpub” en mansión de ensueño. Para comenzar se salta la inmensa cola que cualquier hijo de vecino tiene que hacer para entrar al sitio más de moda de una ciudad con dieciocho millones de habitantes. Se da un saludo, abrazo, choque de manos con los dos seguratas negratas que hay en la puerta, y estos le informan de inmediato: “hay buen ganao”.

Dentro, pasea su sonrisa de ganador mientras se encuentra con rostros conocidos. Las chicas son guapas, se las ve con las mejores ropas, pero más que rostros, lo que te va diciendo este campeón es como lo tienen: “no recuerdo su nombre, pero lo tiene afeitado, sin embargo esta otra lo tiene peludo”. Y como me estaba intuyendo -yo y todos los que están en el cine-, liga a la primera con una mayorcita que está de muy buen ver, con casa millonaria y vistas sobre la gran ciudad hasta la que se desplazan en su todoterreno Mercedes-Benz.
Esta toma de situación dura unos cinco minutos. A partir de ahí, en los próximos cincuenta y cinco minutos, el tío no para. Claro, casi seguro que es uno de los elegidos, escogido entre esos que llegan cada día, y él ya lleva suficiente tiempo en esa ciudad que, por las imágenes, todo el que se deja ver tiene entre dieciocho y veintiocho años, los treinta ya son duros.
El irresistible ha cazado a una mujer con pasta y con cuarenta años, pues eso. Lo hace aquí, allí, en la piscina, en el suelo, en el sofá, arriba, abajo, por delante y por detrás, elasticidad a tope, y me parece que un par de veces en una cama en plan convencional. ¡Ay amigo!, y casi siempre con una mujer distinta.
A los veinte minutos de comenzar la película veo a una chica joven salir de la sala seguida por un hombre, hay diferencia de edad entre ellos. «Separado, con su hija con la que se ve los fines de semana y han dicho de venir al cine, y se ha encontrado con la sorpresa visual…, y de diálogos», pienso.
Para que os hagáis una idea, en esa primera hora de película nuestro protagonista saca siempre los mismos pantalones vaqueros, pero al menos siete bañadores distintos, algún bóxer…, slip y, a veces, ni eso. Ahora bien, todo muy guay y con algún sobresalto, ya que la mujer que le paga los bañadores para que después se los quite ella, u otra…, le pone el coche y la casa… Lo creía fiel –ilusa ella-, y lo pilla viendo un partido de beisbol…, sentado en el sofá…, metido en el partido, pero con los pantalones bajados, mientras otra, arrodillada delante y, vestida solo con el casco que se usa de protección en ese deporte –el beisbol-, se lo está haciendo… sin protección.
― ¡Fuera, a la calle!
― ¡Dios!, lo siento, no sé qué decir…,
«Hombre, por fin se le ha acabado a este el rollo».
Recogen las cuatro cosas que están a mano, la rubia de cuarenta con los brazos cruzados, está… ¿enfadada?

― No, tú no ―dice ella.
«¿Cómo?». «¿Qué ahí no se le ha terminado la vida fácil a nuestro héroe?».
Y la dueña de la casa se dirige a la cocina con lágrimas en los ojos. Ella… se siente culpable.
Comprenderéis que a esta altura de la película yo tenía la boca abierta y para no ser yo el único, os pregunto a vosotros que me leéis: ¿Por qué se sentía ella culpable?
Venga, tres respuestas en treinta segundos, te desafío a ver si soy yo el único que no se entera. Mira, si das con la respuesta correcta, te abro un pasillo en el espacio del tiempo y te pongo con veinte años en el zenit de la sociedad occidental aunque tengas cincuenta años, o sesenta…, o los que tengas.
Ya me he separado lo suficiente en el texto para darte la respuesta y que no la hayas visto antes. Ahí va: ella se siente culpable porque no lo satisface. Le pone la casa, le da las llaves del coche, también tarjeta de crédito, de los bañadores ya os he hablado, pero el armario está lleno de Hermes y marcas así, camisas de quinientos dólares… Ella se siente culpable porque no lo satisface… sexualmente. «¡Pero si no paran!», pensareis. Pues no.
Venga, otras tres respuestas en treinta segundos a esta pregunta: ¿por qué no lo satisface sexualmente? ¡Ojo!, que la mujer está bastante bien, delgada, rubia, pelo lacio, en forma, no es tonta, aplica fantasía a sus relaciones, lo tiene todo y además ya se le ve que está por nuestro protagonista. Bueno, ya me he separado lo suficiente de la pregunta para dar la respuesta; esto no va de concurso hoy, es para que compruebes qué punto de percepción de “esta realidad” tienes; niño, que tal vez exista. Aquí va la respuesta: ella no lo satisface sexualmente porque no le llena…, en el sentido físico de la palabra. Ella se siente culpable porque él no la llena a ella y por eso ella tiene sentido de culpa. ¿Qué no te enteras?, pero si es muy fácil. Él no la llena a ella físicamente. Así de simple. ¿Qué la tiene pequeña?, bueno, de eso hablan también y no se ponen de acuerdo, él estira tres centímetros más la cosa, pero hay cosa. El problema es que él no la llena porque ella lo tiene grande. ¿Qué cómo de grande?, ¡yo que sé!, no se le ve, tampoco yo en ese tema estoy preparado para así…, en un vistazo, dar diagnósticos…, además, a la chica se la ve superdelgada. El problema exacto es que más que grande…, lo tiene anchote. Sí, eso es, lo tiene anchote, y a él… como que le debe de bailar dentro, claro, como ella tiene cuarenta años… pues ya se le ha puesto, lo repito otra vez, anchote.
Sí, nuestro protagonista es un afortunado de la vida, porque como aquí no hay problema de dinero, pues eso, se arregla todo con una operación de cirugía.
¡Que nos estamos volviendo viejos!, ¿que no? Tú, si tienes cuarenta años y un hijo o una hija de trece, vete con ellos a ver la película y después me lo dices, y ojo, no he hablado de la palabra más utilizada en los diálogos.
¿Qué soy un exagerado?, es posible, pero cuando llevas 60 minutos de película –de 96 que tiene- y ves al Ashton Kutcher este metido en la bañera, porque la que se hace la cirugía es ella, no él, ¡que se lo va a estrechar para él! ¿Qué te creías?, ¡esta mujer tiene ya nada menos que cuarenta años!, puede tener todo lo que quiera pero también tiene lo más importante para restar, y resta todo lo demás: tiene cuarenta años… Y se lo tiene que estrechar, adaptar al órgano de él para que se entere algo más cuando se quite el nuevo bañador que con seguridad le va a regalar para celebrarlo. La mujer se mete en un hospital para operarse. Así que os decía que nuestro protagonista, metido en la bañera, lugar de la casa que hasta ese momento no había aparecido en pantalla y, claro, ella hospitalizada, ¿va a perder este el salto?, de eso nada. Una nueva chica completamente desnuda y sentada en el borde, de frente a él, un pie dentro y otro fuera de la bañera de ensueño, con una maquinilla de afeitar en la mano, y va y le dice a él que ya sabéis donde está mirando:
― “¿Me quieres afeitar la papaya?” ―textual.

Me dio el ataque de risa, quillo; vamos, que no podía parar.
Alguno que estaba allí como yo, porque la voz sonó varonil y de cierta edad, dijo en voz alta:
― “Ten cuidado con los labios del chichi…”
Ahí fue donde ya me relajé. Podían haber seguido, a mí ya me daba igual. Con el protagonista siempre en acción, y después tumbado, adormilado, fundido. Esa es la imagen de la felicidad…, pues lo dicho, que sigan.
Sé que este relato os está pareciendo vulgar, pero es que se trata de eso, de transmitir lo que vi, vulgaridad a raudales a la que tuve que echar ironía, no fina, no merecía la pena, no estaba la película a la altura; fue rancia, sólo un leve escudo para seguir orientado.
Dicen todos los que saben que mientras no nos demos cuenta de que el fracaso escolar tiene su origen en la educación, la cosa irá a peor. Por otro lado leo que el diez por ciento de las operaciones de cirugía estética que se hacen en España son a menores de edad, y no necesarias. O sea, que detrás están unos padres, no educando, sino haciendo posible que eso ocurra, y no ven, porque no quieren ver, que esa hija que hoy quiere un aumento de pecho, por ejemplo, mañana querrá una disminución de otra parte de su cuerpo, y pasado mañana…
Meterse en un quirófano, y operarse aún requiriendo anestesia total, con un peligro de muerte que de vez en cuando pilla a alguien…, se está poniendo de moda. Ni eso consigue parar esta demanda, y no estamos hablando de las “clínicas” clandestinas que constantemente salen en televisión.
Sí señor, es lo que hay.
Chavales y chavalas, hijos de Laborales y los que no lo seáis, ¡cómo os están engañando!, ¡cómo os están metiendo un poquito por aquí y otro poquito por allá hasta que admitís como normal cosas que no lo son!
Entiendo que es imposible que os podáis defender del aluvión que os llega cada día por todos lados; que tenéis claro que os están haciendo meros peones consumidores de lo que a ellos les interesa vender para que sigáis llenándole las arcas. Pero no sabéis resistiros, no os han enseñado.
Esa es la realidad de hoy y muy posiblemente de lo que está por venir, porque esto no le interesa que cambie a ellos. ¿Qué quienes son ellos?, los de siempre, los unos y los otros –políticos- que siempre están unidos a estos –banqueros, multinacionales- pero como hay que darles un nombre acordes con los tiempos, vamos a ponerles uno, “los productores de sueños”, y quiénes son los demás, pues nosotros, los consumidores de ese sueño que nos han metido en la cabeza, idílico; pero que nos quede claro una cosa, no es real, solo existe en nuestra imaginación, ellos nos lo han creado. Esos tipos consiguen de nosotros que veamos la realidad como no es, y cuando pasemos por caja para comprar ese deseo que han conseguido inyectarnos, nos vamos a dar cuenta que no nos llena, y que necesitamos otro para llenar ese vacío, que a su vez tampoco nos llenará.
Jóvenes, no. No permitáis que ese tipo de mensaje que se maneja en esta película, en concursos de televisión, y en toda la industria que vive de meternos en la cabeza necesidades innecesarias, os deje sin pensamiento propio y yendo como borregos a consumir lo que ellos quieran. En la película de la vida el que se lleva el gato al agua no es el más guapo, aunque a uno le toque de vez en cuando la lotería. Esos son muy pocos. Lo general es que aunque vislumbréis que lo podéis conseguir… no lo consigáis; se os escapará entre los dedos. ¡Si muchas veces son años de dedicación, esfuerzo y trabajo, además de ser bueno, y no se consigue! La desilusión os espera a la vuelta de la esquina, os dejará inmóviles, y cuando volváis a pensar que de nuevo lo podéis conseguir, porque sí, porque sois guapos, jóvenes, la realidad os volverá a dejar tirados.
Amigo, no sé cuantos golpes harán falta para despertarte, o para terminar contigo, pero creo que cuando eso ocurra y te mires al espejo, esos quince o veinte años, o los que sean… habrán desaparecido, y te parecerá que eso si ha ocurrido de la noche a la mañana.
Guapos y guapas hay a millones, y dispuestos a venderse por un plato de lentejas…, también. ¿Cuántos se presentan a castings de los Grandes Hermanos repartidos por medio mundo? Os aseguro que el dinero, siendo feo, gordo, o asqueroso, o todo lo que queráis y a la vez…, tendrá a todos los guapos y guapas que desee, y no tengáis ninguna duda… de que en la película de la vida, quien se hace la operación de cirugía estética es él, no ella que es la que tiene el dinero, y se la pondrán de la medida que ella quiera, hasta que se canse de él y lo lance a la realidad, a la basura, que es donde se sentirá.
Vaya lío, ¿no? Tranquilos, pensad tranquilamente, esperad el día, el clima adecuado, no tengáis prisa, no es tiempo perdido. Buscad lo que más os guste, pensad en eso para lo que tenéis una destreza especial… pero natural en vosotros. Existe, ¿que no?, seguro que sí. Buscadla y desarrolladla todo lo que podáis. Trabajad con ahinco, y sobre todo, os salga bien u os te salga mal, id con la cabeza bien alta, porque al hombre más pobre del mundo, aunque lo dejen sin nada, hay algo que ni el más rico le puede quitar, y es una de las cosas más importantes que tiene el ser humano, el que nos impide que caigamos cuando las cosas van mal o no salen como pensábamos. Os vuelvo a hablar de la dignidad. ¿Recordáis cuando os hablaba del Sr. Velasco? ¡Maldita sea!, y también os hablo de la educación: “Velasco, aquí te buscan”, esa chica en torno a los dieciocho años a una persona de setenta y cinco.
Para sacar algo de enseñanza en esta película podéis llegar una hora tarde, ahí es donde aparece Ella, porque tenía que existir Ella, y la cuarentona es –como suelen decir en ese país- una perdedora, no tiene la categoría suficiente.
Ella es guapa y está bien hecha por todos lados; supera a las restantes, cuestión difícil; y sobre todo tiene carisma, la mirada, los cambios de gestos. Rápidamente aparece la conexión, como la entiendes tú, como lo entiendo yo, como existirá siempre que haya hombres y mujeres…, y los que se quieran apuntar a vivir una relación donde al menos hay que poner un poquito del alma, y no echar un polvo –hasta ahora no ha hecho ni una sola vez el amor-, como el que va al cuarto de baño para quedarse aliviado.
La chica seduce a nuestro protagonista y al espectador, que rápidamente piensa «verás como esta no las enseña», normal, para que te quedes con la miel en los labios, a ver si te crees que estos de Hollywood son tontos. Pues me equivoqué –o que no estoy ya al loro, no quiero excusas-, en esta película están dispuestos a no guardarse nada. Las tiene bonitas, pequeñitas, redonditas y con el punto gracioso.
Al final llega la enseñanza aleccionadora para el protagonista, y espero que también para la mayoría de los asistentes, jóvenes. La cruda realidad, la puerta de la calle, si no curras no comes, y donde antes sólo había sonrisa triunfadora ahora hay inseguridad.
Ya no le quedan tan bien los vaqueros, los primeros planos del rostro guaperas desaparecen, el tío anda derrotado, raro. No sé si este anda así o está imitando a Dustin Hoffman en “Cowboy de medianoche”, el tema base de la película es el mismo, la categoría de los dos telefilms… a años luz; pero como este protagonista es bastante más alto…, se le ve muy delgado y cabezón…, y con ese caminar que medio se le enredan las piernas…, a mí se me viene a la mente la imagen de un espermatozoide, que es en resumen lo que ha sido el 70% de esta película, un hombre reducido a un espermatozoide… perdido.
El final es bueno, por ahí se escapa, y sales riéndote del cine ya relajado y piensas que bueno, que eso es una película y que además trascurre en Los Ángeles, como ya he dicho antes; muy lejos, la sociedad es muy distinta.
«Antonio, ¿pero no piensas que la sociedad está ya tan globalizada, sobre todo en occidente, que lo que sirve para allí también sirve para aquí?»
Se ve que a veces me paso con mis pensamientos.
Esta mañana de sábado iba caminando hasta el quiosco para comprar los periódicos, temprano, antes de desayunar, día ideal en Málaga. En un descapotable caro aparcado en doble fila hay una mujer revoltosa al volante, treinta y tantos… calculo, y digo “revoltosa” por los aspavientos que hace y lo decidida que es; se quita el cinturón de seguridad y se lanza sobre el chico que está sentado en el asiento del copiloto, y allí, el joven clavado, que no se menea, le pega un beso de fuerza, tornillo, boca abierta y alegría. Al chico le suben los colores, no creo que por vergüenza, sino porque le ha debido de faltar la respiración…, y eso que acaba de comenzar el día. Cuando se separan veo que con seguridad es un chico más joven que mi hijo de veinticuatro años, y claro, me pillan por mi otro punto flaco. No puedo evitar recordar la película de ayer. No, no creo que sea el caso, y si la mujer le saca quince años y se quieren, a mi me parece perfecto –además de que no me importa, allá ellos-, pero cada día te das cuenta que cosas que ves por ahí y que te parecen exageradas, cada vez lo son menos, y lo que os estoy contando, lo de ayer y lo de hoy, es así, tal cual, y acto seguido.
En cuanto a mis hijos, a los vuestros; a los jóvenes en general, lo que tengo la seguridad es que por ahora, esa enfermedad, la juventud, siempre se termina curando, otra cosa son sus secuelas.
Lo dicho, el próximo 10 de Octubre, a eso de las 14:30 h., nos sentaremos en torno a unas mesas los que ese día podamos asistir al III Encuentro de Antiguos Alumnos de la Universidad Laboral de Córdoba. Allí, donde antes estaba el cine de la Uni, donde nunca nos pusieron papaya, y repasada la carta…, pues eso, tampoco ahora. Si alguno se quiere acercar por Cercadillas tampoco quedará rastro. Vivimos nuestros dieciocho años con muy poco, ¿y sabéis lo que os digo?, que nos lo cambio por los de hoy.
Un abrazo a todos.
Es que.... como dice un amigo mío..(¿he dicho "amigooo"??hummm)... hay que reírse de todo y de todos....Como él, debe pensar la mayoría de este país. Así nos luce el pelo..
ResponderSuprimirYo me he reído, contigo, leyendo la película. Viéndola a través de tus ojos...
Debo decirte, que donde no és real, es en eso de "anchota", porque la sra. tiene 40 años...
Creo que ahí, el guionista se equivoca. Pero, claro, hay que dejar al "machote" en buen lugar... Lo de siempre!! "ellos" los perfectos.Película machista del 2º milenio...de igual corte, que las que nos daban aquí hallá por los 70... Utilizar a la mujer, para mofarse de ella....con la excusa del destape.....¡¡..ldítasea!!...
La anónimA.