La Tierra, el origen de la vida y el ser humano
Hace 5000 millones de años una estrella naciente, nuestro sol, estaba rodeada de gran cantidad de polvo cósmico. La gravedad del sol unió el polvo, aparecieron las primeras rocas, y es la agrupación a su vez de estas rocas la que crea la Tierra. Este proceso de formación duró 500 millones de años. La superficie de nuestro planeta recién nacido era un mar incandescente a 1200 ºC que giraba a gran velocidad cercano al sol. Los días duraban 6 horas hace 4500 millones de años.
Hace 3900 millones de años la Tierra sufrió un bombardeo de miles de millones de meteoritos, eran restos de la formación de nuestro sistema solar. Dentro de los meteoritos, diminutos cristales, y dentro de estos, minúsculas cantidades de agua. Los meteoritos estuvieron sometiendo a nuestro planeta a un bombardeo masivo y continuo durante 20 millones de años, fue la liberación del agua que llevaban en su interior lo que permitió enfriar la Tierra. El agua que bebemos hoy tiene millones de años de antigüedad, y en aquel momento cubrió por completo la superficie de la Tierra.
Hace 1500 millones de años, 3000 años después del nacimiento de nuestro planeta, aún no había vida, solo agua que estaba creando oxígeno. En esos momentos comenzaban a producirse las primeras bacterias unicelulares, la tierra emergía del fondo.
Hace 600 millones de años el agua se congeló, la Tierra permaneció bajo una capa de hielo de 3 kilómetros de espesor que la cubrió por completo. Este periodo duró 25 millones de años, y fue la masa fundida del interior de nuestro planeta la que terminó con esta era cuando entraron en erupción gran cantidad de volcanes. En esos momentos los días duraban 22 horas.
Hace 540 millones de años las bacterias primitivas consiguieron evolucionar hacia organismos complejos multicelulares. Los altos niveles de oxígeno provocaron que los organismos crecieran e incluso que algunos tuvieran formaciones óseas. La vida en el fondo de los océanos florecía, aparecen los primeros animales marinos, algunos ya con espina dorsal. Cada vez van adquiriendo mayores dimensiones, algunos se convierten en verdaderos monstruos.
Hace 375 millones de años la capa de ozono tenía el suficiente espesor para permitir que sobre la Tierra comenzase a desarrollar vida que provenía del mar.
Hace 300 millones de años la gran cantidad de oxigeno que había en la Tierra provocó una explosión de vida.
Hace 250 millones de años, de nuevo hubo una gran actividad volcánica a lo largo y ancho de todo el planeta. Esto produjo la mayor extinción en masa de vida en la Tierra que haya ocurrido jamás. Solo perduraron bajo las aguas algunos tipos de algas.
Hace 180 millones de años, 70 millones de años necesitó nuestro planeta para su limpieza, para recuperar de los niveles de oxígeno…, y de nuevo la vida de gigantes, los dinosaurios sobre la Tierra.
Hace 65 millones de años, un asteroide de 10 kilómetros de diámetro golpeó la Tierra a 70.000 km/hora en lo que es el Golfo de Méjico. Las consecuencias: la superficie de nuestro planeta subió hasta 275º C. El reinado de más de 100 millones de años de los dinosaurios había llegado a su fin. Solo sobrevivieron pequeños mamíferos que se escondían bajo la superficie.
Hace 47 millones de años, los ojos y el cerebro de algunos de aquellos mamíferos que consiguieron sobrevivir a la última gran catástrofe evolucionaron, adquirieron mayor tamaño, un primitivo primate. Pero la Tierra no paraba de moverse, el choque de las placas continentales en continuo movimiento provocaron la aparición del Himalaya. El día duraba algo menos de 24 horas.
Hace 20 millones de años, antepasados parecidos a los simios aparecieron en el sur de África. No había problemas para obtener los alimentos, nuestro planeta era un vergel.
Hace 4 millones de años, el movimiento del continente africano provocó un cambio climático que destruyó el hábitat de nuestros antepasados, lo que le obligó a moverse para buscar comida. Catástrofes naturales alimentaron nuestra evolución, pronto nuestro antecesor comenzó a caminar de pie.
Hace 1,5 millones de años el Homo erectus se desplazó por el sur de África.
Hace 200.000 años, esa es la antigüedad de los primeros cráneos fósiles con morfología moderna que han sido hallados en la actual Etiopia. Es el momento en el que vivió la Eva africana, la mujer de la que provienen todas las mujeres vivas.
Hace 100.000 años el clima cambió, el nivel de las aguas bajó, el Homo sapiens se desplazaba con facilidad, era capaz de pasar a otro continente a través del Sinaí, se han encontrado esqueletos en cuevas en el sur del actual Israel datados en torno a este momento, y se calcula que no fueron más de 1000 individuos los que consiguieron salir del continente africano. Se expandieron por Europa y Asia, eran cazadores y recolectores.
Hace 40.000 años un leve cambio en el ángulo del eje sobre el que gira nuestro planeta hizo que comenzara una glaciación.
Hace 20.000 años, la conversión del agua en bloques de hielo tuvo como consecuencia que bajara el nivel de los océanos, además de conectar Asia y América a través del Estrecho de Bering. Se produjo la última gran migración del ser humano que ocupaba América. Si el homo sapiens consiguió esto con los medios que tenía a su alcance en aquel momento, no nos debe de extrañar lo que alcanzará después.
Hace 6.000 años, el hielo regresó a los polos.
Hace 5.000 años aparecieron la agricultura y el pastoreo, el sentido de la propiedad privada iba más allá de la posesión del alimento, el arma o el vestido. La forma de vivir del ser humano cambió y evolucionó hacia nuestra forma de vida actual.
Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma. Los primeros genios de los que aún no hemos aprendido como Pitágoras, Platón, Aristóteles, Arquímedes. El estudio del hombre, su libertad y el concepto de democracia no conseguía derrotar la avaricia de unos pocos que imponían a los demás el vasallaje, la esclavitud, el destino de sus vidas. Y ahí seguimos.
Los grandes desastres naturales que hemos tenido estos últimos años, que nos hacen temblar solo de pensarlo, como el terremoto de Lisboa de 1755, el terremoto de Chile de 1960 que alcanzó los 9,5º en la escala de Richter o el terremoto de Indonesia de 2004 con el posterior tsunami que recorrió el Indico sembrando las costas de muerte; los terremotos sobre China, el más importante en el S. XVI produjo 800.000 muertes; y el más reciente de 1976, produjo 600.000 muertes. Todo esto, todo esto y lo que le queramos sumar a lo largo de estos 5.000 últimos años, no alcanzan ni se aproxima a las muertes producidas por el mismo ser humano sobre sus hermanos a lo largo de este mismo periodo de tiempo en guerras y genocidios constantes. Dos cifras, en la I Guerra Mundial hubo 8 millones de muertos; en la II Guerra Mundial, 57 millones de muertos.
A pesar de todo, a pesar de nosotros, tras un periplo de 4.500 millones de años estamos aquí. Todo fue el resultado de las catástrofes y coincidencias que se produjeron en nuestro planeta.
Un mes antes, el 11 de febrero de 2011, las luces se encienden, la actividad vuelve. Los pasillos se llenan de gente con neceseres en las manos, despeinadas, soñolientas, tras esta noche extraña en la que el día rápidamente buscó la oscuridad. Casi todos los pasajeros parecían dormir, sin embargo a mí me era imposible a pesar de que hacía veinte hora que había iniciado este viaje, y en su último trayecto, llevaba más de diez horas seguidas metido en el avión. En la pantalla frente a mi veo el recorrido realizado desde que despegamos de Múnich, de inmediato buscamos el norte, atravesamos Finlandia, bordeamos la línea del continente

donde el agua se convierte en cascotes de hielo para después adentrarnos en Siberia, ya la estábamos dejando atrás. Aún quedaban algo más de dos horas de vuelo. Tuve tiempo de ver un par de películas, hacer varios sudokus, levantarme en medio de esta noche a estirar las piernas en un rellano que quedaba justo detrás de mi asiento y hablar con el auxiliar de vuelo que atendía mi zona. Este alemán moreno, de estatura normal, me recordaba a mi hijo, y efectivamente tenía su misma edad, 25 años. El tío estaba feliz y me alegré, es joven, tiene un trabajo que le gusta y gana un buen dinero. Me dijo que cuando llegáramos a Tokio tendría dos días de descanso, buen hotel, manutención pagada, y además…, una de las azafatas de este vuelo… también era su novia. No le pregunté cuál era, pero rápidamente hice un repaso mental. No sé por qué, pero descarté a todas las japonesas, y entre las occidentales rápidamente escogí a una rubia de pelo algo rizado. De inmediato pensé que me había dejado llevar por mis gustos y que tal vez no fuera esa la chica que compartía su corazón, cuando la puse mentalmente junto a él, ella, alta y delgada, me pareció más madura e incluso de más edad, tampoco la chica era guapa, más bien irradiaba una fuerte personalidad y eso es lo que me debió llamar la atención. A los 25 años tal vez esos no sean los cánones que rijan en el corazón de este joven; además, igual era una cuestión pasajera, así que solo le hice una pregunta al respecto:
- ¿Y lleváis mucho tiempo?
- Un año y medio- me contesta satisfecho.

Las azafatas y mi amigo se disponían a servir el desayuno o cena, que a estas alturas no sabía por dónde saldrían ni en qué hora estaba yo, si en la de mi reloj o en la que me decían que era ahora en destino, las 9 de la mañana. Estas vacilaciones me llevaron a las dudas que había tenido desde que saqué los pasajes el mes de agosto del año pasado, la aparición de problemas (el clásico cálculo) en uno de mis riñones, los malditos cólicos nefríticos que terminaron en una litotricia que no acabó del todo con ellos -aún quedan algunos residuos que se niegan a salir- y claro, de vez en cuando me dicen que están ahí. Iba con un montón de pastillas en el equipaje y mentalizado de que al menos un día lo tendría que pasar en el hotel doblado, como en Navidad o hacía apenas un par de semanas. Y qué decir del avión en el que estaba previsto que volara, el A-380, no íbamos en uno de ellos porque desde unos días atrás les estaban cambiando los motores, los fallos de fabricación detectados eran lo suficientemente graves como para dejar en tierra al mayor mastodonte que hoy en día surca los aires. Sí, en seis meses daba tiempo a que ocurrieran muchas incidencias que pusieran en duda si ibas a poder hacer ese viaje programado con tanto tiempo. No me preocupa el hecho de que Japón y su principal isla de Houshu, que es la que voy a recorrer, sea de origen volcánico, que muy cerca friccionen la placa americana con la del pacífico. Todos sabemos de sus frecuentes terremotos fuertemente destructivos. Con esas características se producen de promedio uno cada 70 años, y el último sucedió el 1 de setiembre de 1923, alcanzó los 7,8º en la escala de Richter, destruyó Yokohama, 105.000 muertos y 37.000 desaparecidos. A estas cifras contribuyó el hecho de que, los incendios que produjo el terremoto en las tradicionales casas de madera y bambú, coincidieran con la llegada de un tifón que creó una verdadera tormenta de fuego. Además de las víctimas mortales, 1,9 millones de personas resultaron damnificadas, 570.000 hogares fueron destruidos. Algunas miserias propias del ser humano hicieron de inmediato aparición: se extendió el rumor de que coreanos estaban expoliando lo que quedaba entre las ruinas. Cientos de coreanos y habitantes de Okinawa murieron a manos de las milicias civiles japonesas. También los políticos aprovecharon para hacer limpieza de algunos dirigentes socialistas y anarquistas. En 1960 se designó el 1 de setiembre como el “día de prevención de desastres”.
Salchichas tipo Frankfurt (normal, volamos con Lufthansa) y un huevo, así que viendo en que parte del mundo estamos esto se puede interpretar tanto como un desayuno como una cena.

Puse una nueva película y el tiempo trascurrió por fin algo más deprisa, llegamos clavados a la hora prevista. El desembarque trajo un aire fresco y de libertad que ya me hacía falta. El día estaba gris, lloviznaba.
A pesar de las gigantescas dimensiones del aeropuerto de Narita, la organización era perfecta. Enseguida llegamos a las numerosas ventanillas de inmigración, estaban todas ocupadas por personal uniformado en azul marino, escudos plateados en las mangas, eran frecuentes las mascarillas y los guantes blancos. En la breve espera observé que la tripulación del vuelo pasaba por otros controles habilitados para ellos. Sorpresa, mi amigo iba con la azafata rubia de pelo rizado, acerté. Ahora se la veía distinta, más alegre y juvenil, llevaba la ilusión en el rostro -y en el alma-, lo irradiaba, y un halo de una luz especial, invisible, los envolvía.
A pesar del largo viaje y las horas sin dormir me sentía bien.
Hola Antonio,
ResponderSuprimirYa estaba deseando volver a leerte. Ahora entiendo la demora desde Pasa la vida (1), en Diciembre. Como siempre, nos sorprendes con algo inesperado, interesante, que invita a pensar. Muchas gracias.
Los vuelos transoceánicos dan para mucho, ciertamente. Debe ser la pérdida de referencias espacio-temporales, que nos saca de nuestro ensimismamiento. O no. Quizás es sólo aburrimiento.
Bueno, visto el destino de tu viaje y todo lo que ha pasado en el reino del crisantemo últimamente, cuento los dias hasta que pueda leer Pasa la vida (3).
Enhorabuena!
Muy interesante... y la reflexión de que a pesar de nosotros.. seguimos aquí. ¿Hasta cuando? Sí, lo sé, nosotros mismos pondremos el The End. El "nuestro" por supuesto.
ResponderSuprimirGraciAs.